A veces es bueno volver a pensar en esto...
Alguna vez, quizá, busqué un tipo que me llevara a vivir a su casa, me pagara por quedarme ahí esperándole a que vuelva del trabajo y me pegara con demencia antes de cogerme, y después me cuara con alcohol las heridas, y llorara y me pidiera disculpas.
Eso hacía mi ex marido, y te juro que no es bonito.
Hay que recapitular...
Después de mi "primera vez", que fue hermosaza y bien satisfactoria, me metí a relación de una noche con el mejor amigo de mi entonces ya ex novio. Delicioso. Luego estuve a punto de tirar con otro de sus amigos, pero me dio pena de estar rodando de mano en mano de los panas.
Salí de eso y me enredé en una relación bien cojuda con un tipo que tenía sus compromisos por otro lado. Casado siete años ya y con una hija de esa edad. Tenaz. Me enamoré bien fuerte. Después de este man del que me enamoré mucho, quedé medio en el limbo y justo le conocí al que fue mi marido. Entonces pensé con lógica y racional actitud de niña de familia pequeñoburguesa. No busqué al tipo que me diera lo que buscaba, sino el tipo que sabía que no iba a provocar un infarto a mis padres. El man tenía 28 y yo 21. Típico dizque yupi, ing. comercial, cabello corto, vestidito de terno. Una mierda. A mí solo me gustaba cuando lo veía con jeans y camiseta y una chompa y botas. Mis anteriores machuquines habían sido bien rayas, metaleros, rastafaris.
Lo conocí porque yo trabajaba cubriendo conciertos de rock duro para el Carlos Sánchez y él estaba organizando uno, como negocio. Luego de que le conocí, pues sí me gustó mucho y empezamos a salir por cuestiones de "trabajo" y luego ya... pues me enamoré un poquito de él y acabé en la cama y era una relación plena.
Él parecía ser el punto medio entre el rocker que podía moshiar conmigo en un concierto y el "buen partido" que mis padres esperaban. Pero no era ni lo uno ni lo otro. Poco a poco me iba dando cuenta de eso. Tal vez un par de meses más y hubiésemos terminado. Habíamos estado saliendo un par de meses y me quedé embarazada. Confié en que él tampoco quería tener hijos y se encargaría de eso. Tonta. No sé muy bien que fue lo que falló, pero sé que me quedé embarazada y que ya con el guagua en el panza no me atrevía a abortar. Solo dije, dios mío, que se muera ahorita que no ha pasado nada. Pero no se murió y no me atreví a sacarlo. Luego ya me llenó esa cosa extraña que es sentirse embarazada y, aparéntemente, no iba a estar sola, él estaba bien contento. Pero las cosas se complicaron, vino presión por todas partes. Habíamos quedado en casarnos más por insistencia de él que por mi gusto. Luego de enterarnos del embarazo.
Él me presionaba mucho y a veces hasta me sentía amenazada: “No vayas a abortar”, me decía. Pero al mismo tiempo me martirizaba con que debo tener toxoplasmosis por siempre andar con gatos y mi bébé iba a nacer anormal. Y luego que no lo quiero... y luego que con quién estoy hablando en el teléfono y celos enfermizos…
Así y todo y por la presión de lo social (mierda), me casé. En medio de un paro en el registro civil, con gases lacrimógenos y todo. Tenía seis semanas de embarazo.
Pero ese mismo día después de que nos casamos empezó lo más feo. Él se portaba cada vez más machista y agresivo... No quería que saliera a la universidad ni que viera a mi familia… Y el sexo se volvió un abre las piernas que tengo que hacerlo y ahora aléjate que ya acabé… y el dolor... la pena... la fragilidad...
Empecé a sentir miedo. Eso era lo que tenía, miedo de él. Dejé de quererlo, si alguna vez lo quise. Llegaba a casa y lo encontraba borracho o no lo encontraba y él regresaba en la madrugada, muy violento. Amenazaba, gritaba, lloraba, lanzaba cosas... Se volvió insoportable y me separé exactamente 29 días después de haberme casado. Nunca lo volvía ver.
Lloré mucho y tuve una crisis de pánico… y todo esto con el embarazo. Estuve en riesgo de abortar. Mi bebé fue lo único por lo que me aferré a seguir viviendo. No sé si hice bien o mal, pero sobreviví. Al principio no me atrevía a hablarle a nadie sobre las agresiones, sobre el dolor. Luego me miré al espejo y me paré de frente al mundo para decirle que me hacían daño y que no lo iba a aguantar. Las cosas nunca han vuelto a ser buenas del todo, pero ahora creo que soy bastante feliz.