8/10/2006

Frio

Phosphorus no vive extremas pasiones. Por eso no derramado sus relatos eróticofestivos.

Phosphorus no siente mariposas en el estómago. Por eso no ha escrito sobre el asombro de la luz del enamoramiento.

Phosphorus no tiene tiempo. Por eso no ha dejado que sus palabras le den vueltas a los temas fútiles.

Esta noche, Phosphorus solo siente. Siente que está ahí y no tiene miedo… Se ha convencido muchas veces de que teme, de que no quiere, de que prefiere aferrarse al cuerpo y romper conjuros con el sexo. Pero Phosphorus solo siente.

Ella ha dejado de lado los minutos antes del sueño junto a su hija y se ha marchado decidida a ser la dura mujercita que se hará respetar. Pero, claro, ella no se cree ese discurso ni lo siente. Cuando su Cachorro presume su poder al saludarse, ella lo deja ganar como las madres dejan ganar la carrera a sus pequeños para verlos sonreír. Cuando él se encierra con los ojos cerrados, ella se da cuenta de que él tiene miedo. Cuando los abre, solo sabe que lo único que quiere es sentir su cabeza sobre su pecho y esa fuerza que ahora se deja ir. Ella se siente ridícula.

Phosphorus sabe que él teme. Ella lo sabe y lo siente… pero no lo entiende.

Hay un frío que recorre el camino entre los dos.